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El secreto de la felicidad

Sidonie Gabrielle Claudine Colette, la novelista francesa lo dijo breve y claro: “Ser feliz es una forma de ser sabio.” Esa sería una buena síntesis para volver a dialogar desde mi rincón en la web. El tiempo transcurre y solo deja en lo que decanta momentos felices… que son pocos, efímeros… pero con el valor que tienen los momentos profundos, sostenidos por los valores arraigados en el fondo del corazón de cada uno…

Tal vez ese sea el secreto que encierra la felicidad, eso que la hace tan escurridiza… está agarrada al Bien, a la Verdad, al Amor, a la Sinceridad, al Compromiso, al Compañerismo, a la Entrega… ser feliz no es fácil, tal vez, justamente porque vivir una vida arraigada desde lo profundo, lo que no pasa, es el camino estrecho que se elige cada día… desde acá, tratando de ser “sabia”.

El límite del amor

Qué importante resulta amarse bien para amar mejor. Ya lo dice Walter Riso en su libro Los límites del amor…El amor no lo justifica todo. En una cultura donde se ha ponderado el amor sin límites y por sobre todas las cosas, la vida de pareja (y yo agrego de comunidad) ha pasado a ser la principal forma de autorrealización, sin importar el costo. Entregarse en cuerpo y alma, olvidándose de uno mismo y de las necesidades propias, es el resultado de una serie de creencias distorsionadas sobre el amor que se perpetúa de generación en generación.
Pero hay otra opción: podemos amar sin destruirnos a nosotros mismos, podemos reubicar el amor lejos de la idealización perniciosa y absolutista, es decir, sin ansiedad y sin negociar los principios vitales que nos determinan. Para amar no debes renunciar a lo que eres, ésa es la máxima. Un amor maduro integra el amor por el otro con el amor propio, sin conflicto de intereses: “Te quiero, porque me quiero a mí mismo, porque no me odio”. Para lograr esto se requiere de una revolución personal, de cierta dosis de subversión amorosa que nos permita cambiar el paradigma tradicional de “ser para el otro” por un nuevo esquema en el que el respeto hacia uno mismo ocupe el papel central.(…)”


Entonces y a partir de allí podremos tomar lo de San Pablo a los Corintios: “Aunque hablara todas las lenguas de los hombres y de los ángeles, si me falta amor sería como bronce que resuena o campana que retiñe. Aunque tuviera el don de profecía y descubriera todos los misterios - el saber más elevado -, aunque tuviera tanta fe como para trasladar montes, si me falta amor nada soy. Aunque repartiera todo lo que poseo e incluso sacrificara mi cuerpo, pero para recibir alabanzas y sin tener el amor, de nada me sirve. El amor es paciente y muestra comprensión. El amor no tiene celos, no aparenta ni se infla. No actúa con bajeza ni busca su propio interés, no se deja llevar por la ira y olvida lo malo. No se alegra de lo injusto, sino que se goza de la verdad. Perdura a pesar de todo, lo cree todo, lo espera todo y lo soporta todo. El amor nunca pasará. Las profecías perderán su razón de ser, callarán las lenguas y ya no servirá el saber más elevado. Porque este saber queda muy imperfecto, y nuestras profecías son también algo muy limitado; y cuando llegue lo perfecto, lo que es limitado desaparecerá. Cuando era niño, hablaba como niño, pensaba y razonaba como niño. Pero cuándo me hice hombre, dejé de lado las cosas de niño. Así también en el momento presente vemos las cosas como en un mal espejo y hay que adivinarlas, pero entonces las vemos cara a cara. Ahora conozco en parte, pero entonces conoceré como soy conocido. Ahora, pues, son válidas la fe, la esperanza y el amor; las tres, pero la mayor de estas tres es el amor.”

Foto: el Taj Mahal

Ser generoso es darse…

Dar y darse sin esperar nada a cambio.

Esa capacidad dentro del corazón humano que nos despierta en nosotros la necesidad de ayudar a los demás, de entregar parte de nuestro tiempo a causas nobles, de desprendernos de algunas cosas que atesoramos, pero que no usamos.

En esta época en la se exaltan como valores la comodidad, el éxito personal y la riqueza material, ser verdaderamente generoso parece ser lo único que verdaderamente puede salvarnos.

Estar permanentemente pensando en nosotros, nuestros proyectos, nuestras ideas creativas, nuestro progreso personal, ciertamente y a la corta nos lleva a la infelicidad, aunque la sociedad actual nos quiera persuadir de lo contrario. Cuando la atención se vuelca hacia el “Yo”, se acaba haciendo un doble daño: a los demás mientras se les pasa por encima, y a uno mismo, porque finalmente nos quedamos solos…

Generosidad es ese impulso que nos lleva afuera de nosotros mismos, y nos conduce a pensar y actuar contemplando el interés ajeno, sin esperar reciprocidades.

A pesar de la gran desvalorización de la sociedad, hay muchos hombres y mujeres que son ejemplos silenciosos de este valor tan mal tratado.
Siempre es más fácil hacer un acto grandioso, invertir tiempo y esfuerzo- a veces muchísimo- por el cual nos admiren, nos sobrevaloren, nos estimen más y muchos hablen de nosotros, aunque sea por un tiempo, que “simplemente” darnos a los demás sin obtener ningún crédito, de manera anónima, cotidianamente.

Dar sin esperar nada a cambio, entregar parte de tu vida, volcarse a los demás, ayudar a los que lo necesitan, dar consuelo a los que sufren, eso es generosidad. Y no es un valor pasado de moda. La generosidad es la llave que abre la puerta de la amistad, es una semilla que siembra el amor, y puede ser la luz que nos saque del oscurantismo materialista dentro del cual, muchos de nosotros estamos viviendo en la más negra de las ignorancias.

Al reflexionar sobre esta virtud, encontramos que la vida del ser humano está llena de oportunidades para servir y hacerse prójimo del prójimo.

Es fácil, por todo esto reconocer al generoso… habla del valor que vive en su interior el que con disposición natural o sin ella ayuda sin hacer distinciones de ningún tipo; intenta resolver las situaciones que afectan a las personas en la medida de sus posibilidades, o buscar los medios para lograrlo; su valor asociado suele ser el de la discreción y sencillez con la que actúa, apareciendo y desapareciendo en el momento oportuno.

Ser generoso es algo que muchas veces requiere de nuestra voluntad y nuestra especial atención.

Será menester para cultivar este valor procura sonreír más, a pesar de nuestro estado de ánimo y aún en las situaciones poco favorables para nosotros o para los demás; ser accesible en nuestros gustos personales, permitir a los demás que elijan lo que ellos también deseen hacer, compartir, lugar de diversión, pasatiempos, la hora y punto de reunión, por ejemplo…; aprender a ceder la palabra, el paso, el lugar; además de ser actos de generosidad son situaciones que muestran educación y cortesía; cumplir con nuestras obligaciones a pesar del cansancio, tratando de ver el lado optimista y prefiriendo el beneficio ajeno; usar nuestras habilidades, talentos y conocimientos para ayudar a los demás, en nuestro entorno cercano o allí donde notemos la carencia; atender a las personas que se acercan a nosotros buscando consejo o apoyo, por más antipática o insignificante que te parezca, ella considera en nosotros a la persona adecuada para resolver su situación; cuando nos hayamos comprometido en alguna actividad, no demostremos apuro, cansancio, fastidio o impaciencia; si es necesario disculpémonos y ofrezcamos otro momento para continuar; no olvidemos ser sencillos, hagamos todo discretamente sin anunciarlo o esperando felicitaciones; vivir con la conciencia de entrega a los demás, nos ayuda a descubrir lo útiles que podemos ser en la vida de nuestros familiares, amigos, compañeros de trabajo, o simplemente con quienes se acercan a nosotros, alcanzado la verdadera alegría. Practicando la generosidad en silencio y discretamente es la única manera que nos proporcione paz interior.

Nos necesitan maduros


Ser padres hoy implica obligatoriamente una cuota extra de madurez, para controlar los impulsos, las ideas locas, evitar lo excesivo, cuidar las formas, manejar los tiempos, saber callar y desaparecer a tiempo. Mirar a los ojos, guardar distancias y también saber dar un abarzo. Aconsejar o pautar un límite aún a costa de parecer terminante. Evitar levantar la voz o exagerar los gestos cuando se habla con enfado o de algo que importa mucho. Saber resistir a la frustración, el estrés, el dolor, los disgustos, las traiciones… Sin por ello caer en el derrotismo, la sumisión, la irredenta insatisfacción, el desencanto cercano a la resignación.

Madurar es haber conquistado la flexibilidad sin perder las convicciones, ser comprensivo, compasivo, dialogante, estar abierto al pacto, al debate razonable, a la generosidad del olvido y la sonrisa que acoge.
Un padre o una madre maduros halla un modo diferente de estar en el mundo, de reaccionar a las adversidades, de interpretar los eventos, de valorarlos y de implicarse en ellos. Se deja arrastrar menos por las circunstancias, sean estas favorables o desfavorables... porque la madurez permite ver el lado bueno de las experiencias adversas y relativizar el de las experiencias positivas.

La puntualidad, mucho más que un detalle

En cualquier ámbito que nos movamos, y en cualquier país, la puntualidad es una de las normas básicas de la buena educación. Hay muchas leyendas sobre la misma, la más típica, la de llegar tarde a una fiesta o una boda, como toque de distinción. Mentira. No es elegante ni educado llegar tarde a ningún sitio.Una cita de negocios, un empleo, un espectáculo, se puede echar a perder por la impuntualidad. Siempre es mejor llegar cinco minutos antes que cinco después. Se puede esperar en la antesala del teatro, en la sala de espera de la empresa o en la cafetería de enfrente, pero es mejor llegar con tiempo.Ahora bien, tan malo es llegar tarde como llegar demasiado pronto. No sea de los invitados que está una hora antes en todos los sitios. El tiempo de anticipación de cualquier cita debe ser mínimo. Es mejor tratar de ajustarlo a la hora prevista para el acto.Como sabe en muchas de las fiestas se suele esperar un tiempo de cortesía por los invitados (se suele enmascarar con un aperitivo para dar tiempo a que se reúnan todos los invitados). No aproveche este tiempo de cortesía para llegar tarde, sino tiene una buena disculpa. Si es usted el anfitrión de un encuentro (una cena en casa o en un restaurante, por ejemplo) deberá estar antes de la hora prevista para ir recibiendo a sus invitados.Las faltas de puntualidad deben ser justificadas, pero solamente a los anfitriones y en privado. No se deben dar explicaciones a todos los invitados.Y una cosa más; si usted es de las personas impuntuales por naturaleza, procure cambiar, pues no es nada educado ni "chic" llegar tarde a todos los sitios, aunque a usted le parezca que le da personalidad (eso de ser conocido por "el rey de la impuntualidad").

hacerse Eucaristía

Servir significa hacerse "eucaristía" para los demás, identificarse con ellos, compartir sus alegrías, sus dolores, aprender a pensar con su cabeza, a sentir con su corazón, a vivir en ellos.




F.X. Nguyen van Thuan