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Aquel lunes de carnaval


El carnaval que se festeja en nuestras tierras se ve originado como una fiesta cristiana, o por lo menos en un ámbito cristiano, ya que el carnaval son los tres días anteriores (sábado, domingo y lunes) al miércoles de ceniza, que es cuando comienza la Cuaresma. La cuaresma es un período de ayuno observado por los cristianos como preparación para la Pascua. Por todo esto, los tres días de carnestolendas o carnaval, eran festejados a pleno, porque luego vendría un período de ayuno completo, o sea, de fiestas también.
El carnaval entre las clases altas: “…en carruaje, con serpentinas y disfraces paquetes”.

Nuestro carnaval ha adquirido muchas formas a lo largo de sus cientos de años de vida, pero la costumbre que siempre reino, y lo sigue haciendo, es la de arrojarse agua. El abuso de esta costumbre fue la causante de las distintas prohibiciones que se le impusieron a esta divertida fiesta. Nadie quedaba fuera del carnaval, todos se divertían en esos tres días en los cuales la ciudad parecía un campo de batalla; ricos, pobres, blancos, negros, desconocidos, conocidos, todos participaban. El mismo Domingo F. Sarmiento era un gran adepto al carnaval y no se molestaba en lo más mínimo si le arrojaban agua cuando era presidente.

Como se dijo, la costumbre de mojarse uno a otro en carnaval, la trajeron los españoles, a pesar que en España el carnaval cae en invierno. Ya desde el siglo XVIII los bonaerenses se mojaban los unos a los otros. En 1771 el Gobernador de Buenos Aires, Juan José Vértiz implantó los bailes de carnaval en locales cerrados. Se oficializaban los bailes, a efectos de atenuar las inmorales manifestaciones callejeras de los negros, que habían sido prohibidas el año anterior. Por esa misma época, un grupo de gente descontenta con los bailes justo antes de la cuaresma, y según decían por los excesos que ocurrían en ellos, llevaron su descontento ante el mismísimo rey de España. El rey envió de inmediato dos órdenes a Vértiz, el 7 y 14 de enero de 1773, por las cuales prohibía los bailes y le encargaba que arreglase las escandalosas costumbres en que había caído la ciudad. Vértiz, no se quedó callado, le protesto al rey diciendo que como se bailaba en España, también se lo podía hacer en Buenos Aires. Pero el rey Carlos III promulgó una ley el 16 de diciembre de 1774, en la cual prohibía los bailes de carnaval, alegando que él nunca los había autorizado en las Indias. Como ustedes se imaginaran no se respetó la prohibición, tanto que los festejos degeneraron y ya en la época del virreinato, el virrey Cevallos se vio obligado a prohibir los festejos de carnaval. "...conviniendo remediar este desorden con el presente prohíbo los dichos juegos de Carnestolendas...", decía el bando del virrey, y sigue "... ha tomado en pocos años a esta parte tal incremento en esta ciudad [...] en ellos se apura la grosería de echarse agua y afrecho (salvado), y aun muchas inmundicias, unos a otros, sin distinción de estados ni sexos...". Seguía diciendo que la gente, se metía en las casas y reventaban huevos por todos lados, hasta robaban y rompían los muebles.

“Advertencia sobre artefactos para mojar. Pueden terminar en disparos”.

Los excesos no disminuían, y si lo hacían era por poco tiempo. El 13 de febrero de 1795 el virrey Arredondo promulgó el bando acostumbrado prohibiendo "los juegos con agua, harina, huevos y otras cosas".

En los años siguientes a la Revolución de Mayo, se volvió muy común entre la población, en especial entre las mujeres, la costumbre de jugar en forma intensa con agua. Para ello utilizaban todo tipo de recipiente, desde el modesto jarro, hasta los huevos vaciados y rellenos de agua con olor a rosa, pasando por baldes, jeringas, etc. Los huevos eran vaciados y llenos con agua, pero no siempre con agua aromatizada, a veces solo se tiraban huevos podridos. Entre la gente acomodada se usaba, comprar los huevos de ñandú, rellenos de agua con olor a flores, como hoy se venden las bombitas los huevos se vendían en las esquinas. Las azoteas de las casas se convertían en verdaderos campos de batalla acuáticos, y más de un transeúnte se ligó una fresca catarata de agua. La batalla por una azotea entre hombres y mujeres, todos jóvenes, era divertidísima y terminaba con la inmersión de los perdedores en una tina o bañadera.

Dibujos de Fortuny, “el varón es derrotado por las mujeres que lo sumergen en la tina”.


Historia del Carnaval Bonaerense
Por Martín A. Cagliani
Artículo publicado en la revista Circulo de la Historia, Nº 47, febrero 2000

http://www.elortiba.org/bsashist.html#Historia_del_Carnaval_Bonaerense_

Martín & Mariquita, un romance con apoyo del virrey

"Mientras la amita, ayudada por sus negras, preparaba los zumos para el licor de mandarinas, las niñas charlaban en la sala.

Criticaban por lo alto, se susurraban al oído, se ruborizaban con risitas sonsas; es que no se hablaba de otra cosa en aquellos días de julio de 1805: Mariquita, de 19, se casaba por fin con su primo Martín Thompson* de 28.

En la monótona vida provinciana del virreinato, el caso de María Josepha Petrona de Todos los Santos Sánchez de Velazco y Trillo, había dado que hablar durante cuatro años. Una vez resuelto, era el escándalo de los padres, que veían amenazada su hasta ahora indiscutible autoridad, los “Jesusmaría” de las obsecuentes madres y la envidia de las niñas convencionales.
Mariquita osó con el “juicio de disenso” enfrentar a la sociedad de su época; cuestionó el concepto social del amor, demostrando ser lo que siempre sería; una mujer valiente, de pensamiento independiente, que se adelantó más de una centuria a sus contemporáneas.

Bella, joven y rica heredera, hija única de un influyente matrimonio que había aguardado quince angustiosos años para ser padres.

Él también hijo único, desde la niñez quedó envuelto en la leyenda a raíz de su trágica historia personal. Muerto su padre cuando él tenía apenas diez años, su madre había tomado la decisión de recluirse en un convento de clausura. Quedó, así, huérfano de padre y madre, bajo la tutela de su padrino que lo inscribió en la “Escuela de guardiamarinas” de Ferrol. Cuando en 1801 volvió de su viaje de estudios, se encontró con esa mujercita de catorce años, pequeña, pero de espíritu enérgico que reconoció en ese “Lord Byron criollo” al príncipe de sus sueños.

Don Cecilio Sánchez de Velasco y doña Magdalena Trillo se opusieron terminantemente a esos amores, “caprichos juveniles” decía el padre, que ya había elegido el futuro para su hija. Muy encandilado estaría don Cecilio con los blasones de don Diego de Arco, familiar de los marqueses del Arco Hermoso, para entregarle su hija, cuando su fama de jugador y mujeriego era tal, que su propio padre lo había desterrado a Buenos Aires.

Mariquita, que con razones se oponía, no era atendida en sus reclamos. Su resolución fue asombrosa, el mismo día de la fiesta de su compromiso oficial, reclamó al virrey Sobremonte un representante ante el cual declaró que se la casaba a la fuerza. La ceremonia se suspendió por orden del virrey.

Todo Buenos Aires sabía de las penurias amorosas de estos jóvenes que no cejaban en su empeño y, seguían frecuentándose. Las influencias se movieron: Martín fue enviado a Montevideo y ella pasó largos días en la casa de Ejercicios Espirituales.

En 1804 la pareja inicia el juicio de disenso. Para ese entonces su padre había muerto, pero su madre seguía intransigente. Mediante ese juicio se pretendía apelar a la máxima autoridad, para concretar la unión, prescindiendo de la autorización materna.

El proceso fue tan ruidoso que llegó a España, inspirando a Moratín para escribir “El sí de las niñas”.

Doña Magdalena Trillo argumentaba que no quería ese yerno, porque a causa de su formación militar carecía de conocimientos para administrar sus comercios.

El tribunal falló a favor de los novios, quienes se casaron a fines de julio de 1805. Con el tiempo se comprobó que la madre de la novia no se equivocaba, la fortuna de su hija mermó considerablemente.

Los años fueron transcurriendo plácidamente, el halo de romanticismo de su valeroso amor, los tornó a la vida pública, en la que luego de los sucesos de Mayo de 1810, los unió aún más el compartir los ideales revolucionarios.



Interpretación del Himno Nacional Argentino, en casa de Mariquita Sánchez de Thompson Óleo Pedro Subercaseaux Errázuriz (1880-1956).

El 16 de enero de 1816 sería el último día que compartirían. Martín partía en misión secreta a los Estados Unidos, para conseguir el apoyo del presidente Madison, los contratiempos que vivió en su destino lo precipitaron a la locura. En 1819, regresando a Buenos Aires, murió en altamar.

La viuda de 30 años, en 1820, se casó con Washington de Mendeville, un noble francés que sería cónsul de su país en el Río de la Plata. Su vida con él fue desdichada, hasta que su esposo en 1835 partió hacia Ecuador, para cumplir función diplomática. Mendeville y Mariquita no volvieron a verse, aunque mantuvieron correspondencia hasta 1863, año en que él murió.

Mariquita, tan visionaria, tan preclara, tuvo una vida amorosa signada por las equivocaciones y la desdicha. Aunque se quejara con amargura, seguramente vivió convencida de haber actuado bien, de haber obedecido las órdenes de su corazón, único tirano que podía tolerar.

Por algo, ya en su ancianidad, escribió a su hija Florencia: “mujer que tiene pasiones tiene mérito y, sea en la clase que sea, tiene corazón y es lo que aprecio”".


Relato autorizado para su publicación por © Peña de Historia del Sur. Ana di Cesare, Gerónimo Rombolá, Beatriz Clavenna. Versión para Internet del artículo publicado en 1993. La bibliografía y documentación que lo sustenta, puede solicitarse al correo del blog.
http://ellostambienamaron.blogspot.com/2007/12/mariquita-sanchez-de-thompson.html


Más datos interesantes de esta patriota argentina en http://es.wikipedia.org/wiki/Mar%C3%ADa_S%C3%A1nchez_de_Thompson


* Martín Thompson (1777 – 1819) perteneció al grupo patriota integrado entre otros por Nicolás Rodríguez Peña y Juan José Castelli, y como miembro del Cabildo Abierto, apoyó a la Revolución de Mayo.

Su hogar se convirtió en el lugar de reunión de los líderes patriotas y de la sociedad de la época. Fue allí donde se ejecutó el Himno Nacional por primera vez, el 25 de mayo de 1813, acontecimiento en el que estuvieron presentes entre otros, San Martín, Alvear, Fray Cayetano José Rodríguez, Blas Parera, Balcarce y Vicente López y Planes.

Artemio, Florencia y el bicentenario

Hace unos años, por los pasillos de mi lugar de trabajo me crucé con una compañera que andaba saliendo con un libro bajo el brazo… allí conocí por primera vez a Florencia Bonelli y a su “Cuarto Arcano”. La solapa rezaba su síntesis que me ubicaba en la Buenos Aires colonial y me enamoré.
Corrí a comprarme los dos tomos… y ya no pude parar. Continué leyendo retrospectivamente a su fecha de escritura “Indias blancas”… INCREIBLE!! Recuerdo que viajé de vacaciones con 3 tomos en las valijas.
Florencia, la autora, una cordobesa cálida, sensible y muy comunicativa incluye su mail en las solapas de sus obras, por lo que rápidamente me estuve maileando con ella, que contesta rápidamente y de manera personal cada correo.
Así fue que me invitó, como a todos sus lectores, a las Ferias del Libro de cada año, donde da charlas y firma libros y nos conoce personalmente. Lo cuento porque aunque no lo crean, nos ubica!
En la última feria compré Me llaman Artemio Furia, su última obra. Esperé hasta enero para disfrutarlo con calma.
“Artemio” es su obra más caliente, no se toma ni un respiro… pero también enamora. El relato está ubicado en la Buenos Aires de la Revolución de Mayo, con lo que hace su humilde homenaje a este gran bicentenario.



Florencia Bonelli nació el 5 de mayo de 1971 en Córdoba, Argentina. Desde niña aprendió a apreciar los libros gracias a su padre.
A pesar de su pasión por la literatura, rechazó la idea de estudiar Filosofía y Letras, ya que no le atraía la idea de la docencia. Finalmente se decidió a estudiar Ciencias Económicas en la Universidad Católica de Córdoba. Obtuvo un puesto de Contadora Pública en Buenos Aires C.F. y comenzó a trabajar sólo diez días después de graduarse, donde continuó trabajando durante cinco años.
En 1997, animada por su esposo, se decidió a escribir historias de amor. Entusiasmada por la experiencia, incluso dejó su trabajo de Contadora Pública en 1998, para poder dedicarse a escribir en serio. Dejar su trabajo le permitió además acompañar a su esposo donde quiera que le destinaran por su trabajo. En Europa, vivieron en Génova (Italia), Bruselas (Bélgica) y Londres (Inglaterra). En 2004 regresaron a Argentina, donde continúan residiendo en Buenos Aires.
En 1999 vio su sueño cumplido con la publicación de su primer título Bodas de odio, en 2003 se publicó Marlene. En 2005 su obra Indias Blancas, que debido a su extensión fue dividido en dos partes. En 2006 se publicó Lo que dicen tus ojos.
En mayo 2009, en la Feria del Libro de Buenos Aires se presentó Me llaman Artemio Furia, con sala llena y una firma de ejemplares por parte de la autora que duró horas y fue multitudinaria.
Florencia ha recibido una grata acogida por parte del público y crítica que alaban su exquisita ambientación histórica.