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Enamórate

Nada puede importar más que encontrar a Dios.
Es decir, enamorarse de Él
de una manera definitiva y absoluta.
Aquello de lo que te enamoras atrapa tu imaginación,
y acaba por ir dejando su huella en todo.
Será lo que decida
qué es lo que te saca de la cama por la mañana,
qué haces con tus atardeceres,
en qué empleas tus fines de semana,
lo que lees, lo que conoces, lo que rompe tu corazón,
y lo que te sobrecoge de alegría y gratitud.
¡Enamórate! ¡Permanece en el amor!
Todo será de otra manera...

P. Pedro Arrupe sj.

La Virgen a mediodía / Paul Claudel

Es mediodía. Veo la Iglesia abierta. Tengo que entrar.
Madre de Jesucristo, yo no vengo a rezar.
No tengo nada qué ofrecer, y nada tengo que rogarte.
Sólo he venido, Madre, para mirarte.

Contemplarte, llorar de dicha,
saber así que yo soy tu hijo y que Tú estás ahí.
Nada más que un momento mientras se para el aire.


¡Mediodía!
Allí donde tú estés, estar contigo, Madre.
Sin decir nada, contemplar tu semblante,
dejar al corazón cantar con su propio lenguaje,
sin decir nada, cantar porque se tiene el corazón tan lleno,
como el mirlo que sigue sus anhelos en súbitos gorjeos.


Porque Tú eres hermosa, porque Tú eres inmaculada,
la mujer de la Gracia por fin reinstaurada.

La criatura en su primer honor y en su desvelamiento final, tal como salió de Dios la mañana de su esplendor original.

Inefablemente intacta porque Tú eres la Madre de Jesucristo,
que es la verdad en tus brazos, y la sola esperanza y el fruto único.

Porque eres la mujer, el Edén de la antigua ternura olvidada,
allí dónde el mirar encuentra de golpe el corazón y hace saltar las lágrimas en él acumuladas.

Porque Tú me has salvado, porque a Francia has salvado,
porque también en ella, como en mi, Tú has pensado,
porque Tú interviniste justo entonces cuando todo se hundía,
porque una vez más has salvado a esta Francia mía.

Porque ahora es mediodía, porque estamos ahora en este día,
porque Tú estás para siempre ahí, simplemente porque Tú eres María,

simplemente porque existes Tú.
¡Gracias y otra vez gracias, Madre de Jesús!


Paul Louis Charles Claudel
(Villeneuve-sur-Fère, 6 de agosto de 1868 - París el 23 de febrero de 1955) fue un diplomático y poeta francés. Fue hermano de la escultora Camille Claudel.
Alumno del liceo parisino Louis-le-Grand, ingresó en la carrera diplomática y representó a su país como embajador en Japón, Bélgica y Estados Unidos (1927-1933).
Representante principal del catolicismo francés en la literatura moderna, toda su obra, en la que hace alarde, por extraña paradoja, de simbolismo y realismo, complejidad y sencillez, polifacetismo y profundidad, aparece informada por una honda inquietud religiosa en la que supo conciliar la ortodoxia con el modernismo. Académico desde 1946, cultivó la poesía lírica en la que utilizó un versículo bíblico en ritmo libre de propia invención.


Nota: imagen de Nuestra Señora del Sagrado Corazón / Patrona de la Congregación de las Religiosas de Jesús María en Argentina.

Foto del día, diario LA NACION


Cirujeo en la víspera del día universal del niño: cuando falta un día para esa celebración, un niño busca basura para reciclar en Gauhati, India.

Madre Teresa, ruega por nosotros!

foto del dia, votada por los lectores
DIARIO LA NACION
Argentina

Decían de Jesús.../ hoy redoblo las ganas de seguirte...

Conocía el poder del tacto y la caricia, seguramente lo había aprendido en la relación con su madre que, lo mismo que lo había envuelto en pañales al nacer, supo también envolverle con su ternura y calidez todo el tiempo que vivieron juntos en Nazaret.
Aprendió a contactar con la gente a través de sus cinco sentidos: cuando miraba, cuando escuchaba, cuando hablaba, cuando tocaba… Quizá se fue haciendo consciente poco a poco y con asombro de la energía sanadora que salía de su contacto.
Cuando aquella mujer con un flujo de sangre se le acercó por detrás en medio de la muchedumbre y le tocó, supo que aquel roce había hecho emerger de él un poder curativo que vencía para siempre la enfermedad de la mujer (Mc 5,25-34); y cuando tocó al leproso se dio cuenta también de que sus manos estaban devolviendo a aquel hombre, esquivado por todos, una dignidad y una seguridad en si mismo que creía irremediablemente perdidas (Mc 1,40-45).
Al ciego de nacimiento le deslumbró aquella luz inesperada que inundaba sus ojos cuando los dedos de aquel galileo desconocido acariciaron sus párpados y escuchó aquella invitación: “Ve a lavarte a la piscina de Siloé…” (Jn 9,7). Pero lo que de verdad le curó no fue el agua sino, incomprensiblemente, el barro mezclado con la saliva de aquel hombre que, como en una nueva creación, devolvió la vida a sus pupilas muertas.
El sordomudo sintió que alguien lo agarraba de la mano y lo sacaba de entre el gentío y, cuando estuvieron a solas, Jesús introdujo sus dedos en sus orejas, con saliva le tocó la lengua y pronunció después una orden imperiosa dirigida a sus oídos cerrados: “¡Abríos!” (Mc 7,35). Y la fuerza de aquellas palabras atravesó las barreras de su sordera, soltando a la vez su lengua y su existencia entera condenadas al silencio.

¿Cómo es que nos hemos vuelto tan rígidos, tan asépticos, tan distantes…? ¿Por qué tenemos tanto miedo de demostrar el afecto, por qué nos amenaza la proximidad de los otros? ¿Quién nos ha engañado recomendándonos recato, desapego o frialdad?¿Cómo aprender de nuevo a fluir, a abrazar, a estrechar, a rodear de cordialidad a quienes se nos acercan, a entrar en contacto con su corporalidad con delicadeza y respeto?
Estamos a tiempo de aprenderlo, somos discípulos de un Maestro que dominaba el arte de acoger, de amparar y de ofrecer asilo entre sus brazos a las vidas heridas y a los cuerpos maltrechos de tantos hombres y mujeres.
Los mismos que hoy siguen esperando de nosotros la ternura y el cobijo aprendidos de los gestos y de las palabras de Jesús.
Dolores Aleixandre rscj

SEr presenCia

Ser presencia, Señor,
es hablar de Tí sin nombrarte;
callar cuando es preciso que el gesto reemplace la palabra.

Ser luz que ilumina el lenguaje del silencio y voz, que surgiendo de la vida, no habla;
es decirle a los demás que estamos cerca, aunque sea grande la distancia que separa,
es intuir la esperanza de los otros y simplemente, llenarla.
Es sufrir con el que sufre y desde dentro, mostrarle que Dios cura nuestras llagas.
Es reír con el que ríe y alegrarse del gozo del hermano, porque ama.
Es gritar con la fuerza del Espíritu la verdad que desde Dios siempre nos salva.
Es vivir expuestos y sir armas, confiando ciegamente en tu Palabra.
Es llevar el "desierto" a los hermanos, compartir tu Misterio y decirles que los amas.
Es saber escuchar tu lenguaje en silencio, y "ver" por ellos cuando la fe pareciera que se apaga.
"Ser presencia", Señor, es saber esperar tu tiempo sin apresuramientos y con calma.
Es dar serenidad con una paz muy honda.
Es vivir la tensión del desconcierto en una Iglesia que, porque crece, cambia.
Es abrirse a los "signos de los tiempos" manteniéndose fiel a tu Palabra.
Es, en fin, Señor, ser caminante en el camino poblado de hermanos, gritando en silencio que estás vivo y que nos tienes tomados de la mano.


Cardenal Eduardo Pironio

Nació en 9 de Julio, provincia de Buenos Aires, el 3 de diciembre de 1920; falleció en Roma el jueves 5 de Febrero de 1998.Sus restos descansan en la Basílica de Luján, provincia de Buenos Aires.

Día del Profesor / Que Dios no permita...


Que Dios no permita que yo pierda el romanticismo, aún sabiendo que las rosas no hablan...
Que yo no pierda el optimismo, aún sabiendo que el futuro que nos espera puede no ser tan alegre...
Que yo no pierda la voluntad de vivir, aún sabiendo que la vida es, en muchos momentos, dolorosa...
Que yo no pierda la virtud de tener grandes amigos, aún sabiendo que, con las vueltas del mundo, ellos acaban marchándose de nuestras vidas...
Que yo no pierda la virtud de ayudar a las personas, aún sabiendo que muchas de ellas son incapaces de ver, reconocer y retribuir, esta ayuda...
Que yo no pierda el equilibrio, aún sabiendo que innumerables fuerzas quieren que yo caiga...
Que yo no pierda la virtud de amar, aún sabiendo que la persona que yo más amo puede no sentir el mismo sentimiento por mí...
Que yo no pierda la luz y el brillo al mirar, aún sabiendo que muchas cosas que veré en el mundo oscurecerán mis ojos...
Que yo no pierda la garra, aún sabiendo que la derrota y la pérdida son dos adversarios extremadamente peligrosos...
Que yo no pierda la razón, aún sabiendo que las tentaciones de la vida son innumerables y muy atractivas...
Que yo no pierda el sentimiento de justicia, aún sabiendo que el perjudicado pueda ser yo...
Que yo no pierda mi fuerte abrazo, aún sabiendo que un día mis brazos estarán débiles...
Que yo no pierda la belleza y la alegría de ver, aún sabiendo que muchas lágrimas brotarán de mis ojos y escurrirán por mi alma...
Que yo no pierda el amor por la familia, aún sabiendo que ella muchas veces me exigirá esfuerzos increibles para mantener su armonía...
Que yo no pierda la virtud de regalar este enorme amor que existe en mi corazón, aún sabiendo que muchas veces el será sometido y juzgado...
Que yo no pierda la virtud de ser grande, aún sabiendo que el mundo es pequeño... y después de todo...
Que yo jamás dude que Dios me ama infinitamente!
Que un pequeño grano de alegría y esperanza dentro de cada uno, es capaz de cambiar y transformar cualquier cosa, pues...
La vida es construída con sueños y realizada con amor!

Francisco Cándido Xavier

En este día se rinde homenaje a José Manuel Estrada, quien además de destacado profesor era un notable orador, escritor y periodista, y un gran educador. En su persona quedan representados todos los profesores que con profunda vocación contribuyen a la educación de las nuevas generaciones.

José Manuel Estrada fue uno de los más destacados intelectuales de su época (nació el 13 de julio de 1842 -en Buenos Aires- y murió el 17 de setiembre de 1894 -en Asunción del Paraguay-) y también, según quienes lo conocieron, el orador más virtuoso de la Argentina de aquellos años.


Calendario Educativo de http://www.educared.org.ar/

Secuencia del Espíritu Santo


Ven, Espíritu Santo,y envía desde el Cielo un rayo de tu luz.
Ven, Padre de los pobres,ven a darnos tus dones,ven a darnos tu luz.
Consolador lleno de bondad,dulce huésped del alma,suave alivio para el hombre.
Descanso en el trabajo,templanza en las pasiones,alegría en nuestro llanto.
Penetra con tu santa luz en lo más íntimo del corazón de tus fieles.
Sin tu ayuda divinano hay nada en el hombre,nada que sea inocente.
Lava nuestras manchas,riega nuestra aridez,cura nuestras heridas.
Suaviza nuestra dureza,enciende nuestra frialdad,corrige nuestros desvíos.
Concede a tus fieles,que en Ti confían,tus siete sagrados dones.
Premia nuestra virtud,salva nuestras almas,danos la eterna alegría.
¡Amén. Aleluya!

Asunción de María

"¡Qué hermosa eres, amada mía! tus ojos de paloma por entre el velo; tu pelo es un rebaño de cabras descolgándose por las laderas de Galaad.
Tus labios son cinta escarlata, y tu hablar, melodioso, tus sienes dos mitades de granada."

Cantar de los Cantares
ante la Esposa que sube a los cielos


La Asunción de María forma parte del designio divino y se fundamenta en la participación de María en la misión de su Hijo, sostiene la perenne y concorde tradición de la Iglesia.

La Asunción de la Virgen está integrada, desde siempre, en la fe del pueblo cristiano, quien, al afirmar la llegada de María a la gloria celeste, ha querido también proclamar la glorificación de su cuerpo, cuyo primer testimonio aparece en los relatos apócrifos, titulados «Transitus Mariae», que se remontan a los siglos II y III.

Salmo 17, del día...

Yo te amo, Señor, mi fuerza,
Señor, mi Roca, mi fortaleza y mi libertador, mi Dios, el peñasco en que me refugio, mi escudo, mi fuerza salvadora, mi baluarte.
Invoqué al Señor, que es digno de alabanza y quedé a salvo de mis enemigos.
¡Viva el Señor! ¡Bendita sea mi Roca! ¡Glorificado sea el Dios de mi salvación, Él concede grandes victorias a su rey y trata con fidelidad a su Ungido, a David y a su descendencia para siempre.

Ignacio de Loyola


CONTEMPLACION PARA ALCANZAR AMOR

Primero conviene advertir en dos cosas.
La primera es que el amor se debe poner más en las obras que en las palabras.
La segunda es que el amor consiste en comunicación de las dos partes, es a saber, en dar y comunicar el amante al amado lo que tiene, o de lo que tiene o puede, y así, por el contrario, el amado al amante; de manera que si el uno tiene ciencia, dar al que no la tiene, si honores, si riquezas, y así el otro al otro. EE 231

¿Y QUÉ LE DARÉ AL QUE ME AMÓ Y SE ENTREGÓ POR MÍ?

"Tomad, Señor, y recibidtoda mi libertad, mi memoria,mi entendimiento, y toda mi voluntad,todo mi haber y mi poseer;Vos me lo distes, a Vos, Señor, lo torno;todo es vuestro,disponed a toda vuestra voluntad;dadme vuestro amor y gracia,que ésta me basta".
EE 234

Ofrenda de amor

Toma Señor y recibí toda mi libertad,
mi memoria, mi entendimiento
y toda mi voluntad;
todo mi haber y mi poseer.
Vos me lo diste, a Vos, Señor, lo torno.
Todo es tuyo: disponé de ello según tu Voluntad.
Dame tu Amor y Gracia, que éstas me bastan.
Amén.

San Ignacio de Loyola